El día que decidí abandonar la guitarra.

Hoy os quiero contar un poco más de mi. En concreto, me gustaría contaros uno de los días donde estuve apunto de abandonar la guitarra por completo.

Creo que puede ayudaros el conocer esta historia, porque se a la perfección que el camino de aprendizaje en el mundo de la guitarra flamenca no es algo sencillo. Por lo tanto, conocer mis malos momentos os puede servir para saber que yo también he pasado por baches a los que finalmente he acabado venciendo (y a merecido la pena hacerlo).

Todo pasó cuando llevaba practicando aproximadamente 8 meses. En aquel entonces, tenía muchos problemas con mantener las uñas necesarias para poder tocar la guitarra como es debido. Siempre se me partían o, en un ataque de nervios, las acababa mordiendo cuando ya estaban largas.

Esto comenzó a desmotivarme, pero la desmotivación no era tan grande como para querer dejar de tocar la guitarra definitivamente. Eso sí, ya no tocaba tanto como lo estaba haciendo de costumbre.

En aquella época solía tocar todos los días entre 1 a 2 horas mínimo y, en tan solo 8 meses, había notado grandes cambios y soltura en los dedos. Ya comenzaba a manejarme con los acordes (incluso con las dichosas cejillas) y repetía los cinco ritmos de rumba que había aprendido día si y día también.

Con el problema que os he comentado sobre las uñas. Empecé a reducir las horas de estudio a 30 minutos al día, o incluso menos. El día que se me rompían no cogía la guitarra, y los posteriores en la mayor parte de las ocasiones tampoco.

Esto comenzó a ser contraproducente, ya que cuanto más dejaba de tocar peor lo hacía cuando volvía a coger la guitarra y, por lo tanto, más me desmotivaba. Llegó un punto en el que dejé la guitarra apartada unas 3 semanas (aunque en mi cabeza no pasó aún el abandonar por completo). Lo peor estaba por venir.

Apunto de abandonar la guitarra flamenca

El motivo por el que casi abandono…

Cuando ya llevaba 3 semanas sin tocar bastante desmotivado, decidí hacer un viaje con unos amigos de 5 días. Por lo tanto, sabía a la perfección que estaría otros 5 días más sin tocar la guitarra. Aunque este tipo de parones son totalmente normal, e incluso a veces recomendables.

Lo peor llegó cuando el último día de ese viaje, tuve una caída donde me doblé la muñeca haciéndome muchísimo daño. Al principio pensé que iba a ser solo el golpe y duraría poco la lesión, pero con el tiempo me dí cuenta de que estaba totalmente equivocado.

Lesiones tocando la guitarra

Lo que comenzó siendo un susto, acabó siendo una pesadilla que duró mucho tiempo. La primera semana de la lesión miraba la guitarra y no me decía nada, simplemente sabía que no podía tocarla pero me daba igual. La segunda semana la miraba con ganas, e incluso intentaba hacer algún rasgueo simple para ver si mi muñeca iba mejorando (error).

El dolor persistía y mis ganas de tocar la guitarra aumentaban sin cesar. Aquello que había dejado apartado voluntariamente durante varias semanas, ahora pagaría por escucharlo sonar durante 10 minutos nada más.

Dicen que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, y tienen mucha razón. Yo me había dado cuenta de lo importante que era para mi la guitarra flamenca en mi vida. La cantidad de emociones positivas que me estaba aportando, y lo mucho que disfrutaba aunque fuese practicando ejercicios de técnica o la misma canción de siempre.

En algún momento pensé en dejarlo por completo. No sabía si iba a recuperar la movilidad a la perfección en mi ansiada muñeca. Y, además, cuando volviese a tocar habría perdido todos los avances que logré durante estos 8 meses. La desmotivación era real, pensaba que todo el camino que había conseguido lo había tirado por la borda.

Solo pensaba en esas semanas en las que no toqué, y volver a ese momento para aprovechar cada minuto donde mi mano funcionaba sin ningún problema. Pero claro, la vida no es siempre como nosotros queremos que sea. Y si algo he aprendido a lo largo de este tiempo es que a los problemas hay que buscarle soluciones.

El día que abandoné la guitarra

Como resolví los problemas.

Cada día miraba la guitarra metida en su funda en una esquina de mi habitación. Un día, tras acudir a la consulta del médico y conocer que aún me quedaba un tiempo largo de recuperación. No pude aguantarme un segundo más y agarré la guitarra.

En ese momento llevaba una muñequera que me impedía cualquier movimiento que implicase girar la mano. Por lo tanto, los rasgueos me eran imposibles de ejercitar. Sin embargo, tenía la esperanza de poder realizar algún picado simple. Esto no sucedió.

Para poder hacer el picado debía de doblar ligeramente la muñeca. Y, pese a que no era un movimiento muy doloroso, no me convenía forzar y tener que empezar desde cero la recuperación. Sin embargo, me di cuenta de una cosa que SI podía hacer, ARPEGIOS.

La posición de la mano que debía de realizar para poder arpegiar con la guitarra, era perfecta. Tan solo tenía que mover los dedos sin ningún giro de muñeca, y no notaba ningún dolor mientras que lo hacía.

Ya está, tenía claro lo que iba a hacer. Durante todo el tiempo de recuperación iba a mejorar mi forma de tocar los arpegios todo lo que pudiese. Intentaría practicar la técnica y aprender todas las canciones que siempre había querido aprender. Desde entonces, agarré la guitarra y practiqué todos los días sin faltar uno solo.

Conclusión

En muchas ocasiones encontraremos dificultades en nuestra vida que nos hagan las cosas un poquitín más complicadas. En ese momento, no resolveremos nada enfocándonos en aquello que no podemos cambiar. Pero, sin embargo, habrá muchas cosas que sí dependan de nosotros, y que podremos poner toda nuestra atención en ellas para seguir progresando y que nada nos frene.

Valora lo que tienes antes de que lo pierdas, disfruta de cada momento que pases tocando la guitarra. Da ese paso que siempre has querido dar, continua enfocado en tus metas y consigue encontrar el mejor camino para poder lograrlas.

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